Viernes, Enero 8th, 2010...13:35
¿Igualdad o muerte?
Han transcurrido más de dos siglos desde que la población francesa, en plena ebullición revolucionaria, se arrojará a la calle con palos, mosquetes y senos al aire al grito de liberté, egalité y fraternité. Este lema, que maceró durante el s.XIX gracias a la caída del antiguo régimen y al auge de las ideologías, cristalizó finalmente en 1948, momento en el cual la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó y proclamó la Declaración Universal de Derechos Humanos, cuyo primer artículo arranca con el célebre enunciado Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos.
Esta es la teoría que se enseña en escuelas y universidades y que, conmemoración tras conmemoración, repiten hasta la saciedad periodistas, político e historiadores, pero… ¿Qué demonios significa que todos los humanos seamos iguales? Y más importante todavía ¿Cómo se consigue?
En primer lugar, es importante resaltar que la concepción de igualdad de la sociedad moderna no se encuadra dentro del contexto de igualdad de resultados, sino en el marco de igualdad de oportunidades, lo que significa que todo humano ha de tener el mismo acceso a sus derechos políticos y civiles a fin de ejercer su libertad individual, independientemente del resultado que obtenga en la aplicación de la misma.
¡Libertad, igualdad, fraternidad o la muerte! Grito original de los revolucionarios franceses
Por otra parte, el concepto de igualdad que impera en Occidente está íntimamente ligado al Estado de Bienestar, artefacto político que se afanaron en construir todos los gobiernos tras las dos carnicerías mundiales que golpearon a la humanidad durante el pasado siglo. Este sistema social aboga por compensar las posibles deficiencias de la economía de mercado a través de la acción del Estado.
En esta línea, la promoción de la igualdad social se ha centrado en tres redistribuciones fundamentales; la redistribución del conocimiento, en base a la provisión de una enseñanza básica obligatoria para toda la ciudadanía, la redistribución del poder, con la aplicación del sufragio universal y la separación de poderes, y la redistribución de ingresos, a través de un sistema fiscal progresivo en el cual se tributa más si se gana más (y que posibilita en segunda derivada las prestaciones sociales provistas por el Estado).
Estos tres aspectos buscan orientar a toda la sociedad hacía una situación efectiva de igualdad de social, incluso en forma de discriminación positiva, dado que una persona que haya tenido las mismas oportunidades que el resto pero que, por lo motivos que fueran, obtenga unos resultados catastróficos y se encuentre en una situación de desigualdad patente, puede optar por reflotar su situación a través de políticas y acciones favorables especialmente diseñadas para ello.
Asimismo, aunque la igualdad de oportunidades es defendida por la amplia mayoría del espectro político, también es motivo de encendido debate. Por un lado la izquierda esgrime que un mayor esfuerzo del Estado conlleva una mayor igualdad social; por otro, la derecha argumenta que, aunque el Estado debe intervenir, una excesiva intromisión del mismo genera clientelismo, holgazanería y picaresca por una parte de la población supuestamente desfavorecida.
A día de hoy uno de los más encendidos debate abiertos en torno a la igualdad social se centra en el acceso a la sanidad por parte de la población estadounidense. El país más poderoso de la tierra vive en una paradoja de difícil comprensión dado que, a pesar de su situación de desarrollo privilegiada, gran parte de su población no tiene garantizado el acceso a la sanidad, al contrario de la mayor parte de los países europeos que cuenta con un servicio público centralizado de asistencia médica. Además, los EEUU son uno de los países que más gastan en atención sanitaria, tanto en términos per cápita como en proporción a la renta nacional. Lo que solo puede indicar una terrible falta de eficiencia además de una esquizofrenia sistémica que produce un gasto dispara(ta)do a la vez que una deficiente cobertura médica.
En este sentido el Presidente Obama se ha lanzado a una cruzada tan quijotesca como necesaria; la reforma del sistema sanitario nacional. El fin último de esta iniciativa se centra en garantizar que la práctica totalidad de la población americana tenga cobertura médica.
En resumen, todavía queda mucho trabajo que hacer en materia de igualdad social. Como botón de muestra tan solo hay que señalar que gran parte de la población vive bajo una situación paupérrima de pobreza, maltratada por algún tirano de corte populista y/o fustigada por algún interminable conflicto bélico que merma sus Derechos Humanos básicos.
Por ello, tal vez se deba volver a sacar a la calle las azadas y mosquetes (incluso los senos), y retomar el estupendo eslogan de los revolucionarios franceses en su versión primigenia: liberté, egalité, fraternité ou la morte!*
* ¡Libertad, igualdad, fraternidad o la muerte! Grito original de los revolucionarios franceses, creado por Pache (alcalde de la Comuna de París) que posteriormente perdió su coletilla o la muerte por estar ligada al reinado del terror generado por la confrontación entre Girondinos y Jacobinos.




2 Comments
Enero 9th, 2010 at 11:53
Estupendo artículo. En mi opinión, de los mejores del año… huelga decir que todavía me sitúo mentalmente en 2009.
Un saludo y a seguir la línea de trabajo.
Enero 10th, 2010 at 21:13
Hola Juan,
Gracias por el comentario, esperamos seguir viéndote en este espacio de información internacional.
Un saludo desde la retaguardia!
.rtgclub.
pd. Por cierto, a nosotros también nos está costando entrar en 2010
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