Sábado, abril 16th, 2011...3:14

Las Termitas Sociales

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Cuando uno piensa sobre el término “listillo” lo primero que se le viene a la mente es la imagen del pícaro, ese personaje entrañable que agudiza su ingenio para sobrevivir, engatusa con su labia e intenta superar sus penalidades recurriendo a trucos y engañifas.

Este artículo podría hablar sobre las modalidades del pícaro que se dan a lo largo y ancho de Europa, dado que aunque su vertiente española es conocida y ha sido popularizada, este estereotipo es común, con ciertos matices geográficos, de Lisboa a Tallin.

Pero no va a ser el caso. Por el contrario, las siguientes líneas van a analizar a una nueva tipología de listillo que se ha extendido por nuestra sociedad en las últimas décadas, un tipo de persona que, más que explicar su comportamiento ladino por su falta de recursos, se guía por un absoluto desinterés en contribuir en la sociedad en la que vive.

Un género humano que por desgracia no es tan raro en las sociedades desarrolladas y que, sorprendentemente, logra tejer su tela de araña con la absoluta aprobación del resto de sus conciudadanos.

La primera característica de este neo-listillo es su creencia en que la estructura social en la que vive es algo dado, innato a la vida humana. Cree que la sociedad, más que un contrato que se da entre personas que conviven en perímetros geográficos determinados y que ha costado siglos pactar, es como la naturaleza, una creación previa e independiente al hombre que no necesita atención y amejoramiento continuo, y que puede ordeñarse en beneficio propio.

En otras palabras, esta clase de listillo no aprecia el frágil equilibrio social que se da entre derechos y obligaciones, esto es, que los derechos conllevan obligaciones, y que el ejercicio de estas últimas es lo que genera derechos.

Debido a esta falta de conciencia social y de comprensión del medio interdependiente en el que vive, el neo-listillo lleva a cabo acciones que no le producen ningún tipo de vergüenza y que sus amigotes y allegados aplauden groseramente.

El ejemplo más claro de este comportamiento es la evasión fiscal. El nuevo listillo cree a pies juntillas que si consigue – a través de subterfugios más que dudosos – reducir su aportación a las arcas públicas, ha logrado una gran hazaña. En ningún momento se para a pensar que los servicios públicos se financian con la aportación vía impuestos de la ciudadanía, y que el hospital que opera a su hijo será de menor calidad debido al dinero que él ha defraudado a la sociedad.

Neo-listillos en estado puro

Otro ejemplo de la actividad del neo-listillo es su continua y sostenida actividad en el campo del tráfico de influencias. Llamar a un conocido para que interceda por él en algún tipo de negocio o colocar a un amigo o familiar en un puesto de confianza es una de sus actividades favoritas.

Aunque, tal y como se ha apuntado, este nuevo género de listillo afecta a todas y cada una de las sociedades europeas, se ha de decir que abundan más a orillas del mediterráneo que en las frías tierras del norte (de hecho, en Italia pueden llegar con relativa facilidad al puesto de primer ministro).

Una advertencia de cara a identificar y defenderse de los cantos de sirena de este personaje: su apariencia es multiforme. Hoy en día el neo-listillo puede vestir buzo de trabajo, camisa abierta con cadena de oro o un impoluto traje y modales refinados. Su origen o extracción social es indiferente, lo que le caracteriza es su miopía social, su creencia en que la sociedad es un botín a saquear.

Por todo esto y mucho más el nuevo género de listillo que asola Europa se sitúa en las antípodas del pícaro novelado. El neo-listillo no es una persona que sobrevive y se busca la vida con ingenio en un medio hostil, sino una termita social que se aprovecha de una sociedad democrática y desarrollada. Un tipo de persona que con una sonrisa en los labios, un halo de civismo y una  – increíblemente – buena percepción social, se dedica a defraudar a hacienda, traficar con influencias y aprovecharse de sus conciudadanos.

Por ello deberíamos empezar a plantearnos si Europa no necesitará una fumigación legislativa a gran escala que le libre de estas termitas sociales o que, por lo menos, haga ver a los neo-listillos que la sociedad no va a permitir que se sigan aprovechando de ella.

Artículo Publicado en el nº110 de la Revista UD

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