Lunes, diciembre 5th, 2011...23:54
Un Movimiento Distinto y Necesario
La nueva realidad que ha dejado la crisis ha producido un amplio abanico de acontecimientos que ha hecho convulsionar el panorama internacional, entre los mismos se pueden resaltar catástrofes preocupantes – como Fukushima – y movimientos cargados de esperanza y ganas de mejorar la sociedad, como la “primavera árabe” o el 15M.
Este último fenómeno es el que me gustaría analizar con mayor atención, dado que afecta a Europa en general y a España y Euskadi en particular.
Las medidas de ajuste a las que se ha visto abocada Europa ante el acoso de los mercados han provocado que a lo largo y ancho del continente la ciudadanía se echara a la calle, convencida de que está pagando una crisis provocada por otros. En Londres, Atenas y Lisboa las protestas populares han llevado a choques violentos entre policía y manifestantes, quema de mobiliario urbano y cabezas magulladas en ambos bandos.
A nivel estatal, el pasado mes de marzo se convocaron – al calor de las elecciones – paros y protestas pacíficas en las principales ciudades españolas, que cristalizaron en multitudinarias acampadas que exigían una mayor participación democrática, una política transparente y una economía sin “fundamentalismo” de mercado.
Desde entonces gran parte de los sociólogos, tertulianos y analistas políticos se han esforzado por intentar definir, clasificar y diseccionar el movimiento 15M, al que han acusado sistemáticamente de antisistema e izquierda radical. Todos estos análisis fallan en sus observaciones.
La gente que compone el 15M no son “camisas negras” italianas ni trasnochados comunistas resucitados de la noche a la mañana. Son en su mayoría jóvenes formados que empiezan a darse cuenta de que han sido estafados.
Gente que se pregunta por qué, tras estudiar duro y cumplir su parte del trato, los poderes políticos y económicos les animan a irse a trabajar a China o Alemania.
Jóvenes indignados a los que después de una década de “milagro económico” con sueldos mileuristas les comunican que la fiesta se ha acabado. Una fiesta que nunca empezó para el 40% de los hogares que tenía – y tiene – dificultades para llegar a fin de mes.
El 15M es algo distinto y necesario, por ello no se puede analizar con los anteojos viejunos que utilizan los analistas mediáticos.
No quiero decir que todo sea de color de rosa y que el movimiento no tenga ante sí enormes desafíos, como la necesidad de cristalizar propuestas (y no solo realizar críticas) o modular a la minoría de exaltados que acampan en sus filas y que lo único que quiere es reventar el sistema.
A pesar de todo el 15M ha venido para quedarse, dado que la triste realidad que nos ha dejado la crisis – plagada de paro y desigualdad – requiere que la ciudadanía se reivindique, tome el espacio público de forma pacífica y renueve el contrato social que garantiza la sanidad, educación y resto de servicios públicos de los que gozamos en la actualidad.
Un amigo perteneciente al movimiento me comentaba el otro día frente al Ayuntamiento de Bilbao que no le gusta la realidad que le rodea y que quiere transformarla. En su convencimiento no vislumbre a un antisistema furibundo, sino a un joven estafado que entiende que la crítica pacífica y continuada es su mejor arma.
Y, lo más importante, sus palabras me recordaron la vieja máxima de que la libertad se basa en actuar para transformar lo que existe. Justamente lo que está haciendo el 15M.
Artículo publicado en el nº 112 de la Revista UD



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