En mi cada vez más lejana experiencia académica he tenido la oportunidad de conocer el sistema educativo de varios países europeos, y de experimentar en mis propias carnes las virtudes – y errores – de programas docentes y profesores de la vieja Europa.
En concreto mi experiencia se basa en un año académico en una boarding school irlandesa (al más puro estilo de El Club de los Poetas Muertos) y otro en Bélgica, cursando estudios de posgrado en la Universidad Católica de Lovaina.
La diferencia fundamental entre el sistema educativo que encontré en estos países europeos frente al sistema patrio se puede resumir en dos palabras; reflexión y práctica.
Mientras que en el ámbito vasco y estatal se prima la memorización de toda clase de datos, fechas, fórmulas y teorías, tratando al alumno como si fuera una especie de ordenador donde se archivan datos[1], nuestros vecinos irlandeses y belgas optan por un sistema donde los conocimientos no se registran sin más por parte del estudiante, sino que se reflexionan y experimentan. Este enfoque se consigue en base a clases prácticas, trabajos de campo y ejercicios que priman el razonamiento deductivo, más que la memorización colectiva.

Además, el hecho de dotar al sistema educativo de un carácter práctico tiene una ventaja colateral, ya que también se forma al alumno en un aspecto tan importante como hablar en público o hacer presentaciones ¿Nunca se ha fijado querido lector con qué desenvoltura se manejan nuestros amigos europeos frente a una audiencia? Pues bien, en mi opinión esa habilidad proviene de un enfoque educativo eminentemente práctico, en el que el estudiante tiene que exponer trabajos frente a sus compañeros desde su más tierna infancia.
Por otra parte, los conocimientos que se interiorizan a través de la memorización son olvidados con el paso del tiempo, una vez que se han vomitado en el examen de turno. Esta afirmación hace que el sistema vigente en la universidad vasca y española, basada de forma general y hasta la fecha en un método que achicharra al alumno de datos mientras éste se afana en coger apuntes, sea tan absurdo como obsoleto.
Desde mi punto de vista debería estar penado con trabajos forzados la enseñanza basada en coger apuntes.
El estudiante debe tener todo el material que se va a impartir en la asignatura el primer día de curso y, a partir de ahí y una vez organizada la logística informativa, que la clase se centré en comprender y reflexionar sobre los aspectos teórico-prácticos de la materia en cuestión. En este punto he de romper una lanza por nuestra universidad en general y por mi facultad – La Comercial – en particular que, en comparación con otras instituciones académicas nacionales, siempre han adoptado un modelo educativo basado en la reflexión y en la práctica para inculcar a su oferta formativa la filosofía de Sapientia melior aureo.
El proceso de Bolonia quiere reorientar y alinear la totalidad del sistema universitario europeo en esta dirección, a través de un método de enseñanza universitaria ágil, práctico y de evaluación continua. Solo el tiempo nos dirá si esta iniciativa consigue romper el gusto por la memorización colectiva y consigue que las universidades sean centros de reflexión y análisis, y no grandes maquinarias en donde la información que provee el docente pasa del tímpano del alumnado al papel, sin que llegue a quedarse en el hipotálamo del esforzado escribano.
[1] Al más puro estilo del protagonista de
Funes el memorioso, estupendo cuento del genial Borges.